La publicación de resultados de Tesla ha dejado una cosa extremadamente clara: cuando una compañía alcanza el éxito de forma tan meteórica, es fácil pensar que su trayectoria seguirá ascendiendo de manera natural. Sin embargo, los últimos acontecimientos demuestran justo lo contrario: que ni el liderazgo supuestamente carismático ni la reputación acumulada por la marca bastan para eludir riesgos sustanciales cuando la gestión y el posicionamiento público están plagados de decisiones estúpidas y errores estratégicos.
La señal de alarma resulta evidente. Tesla no solo ha experimentado una fuerte caída en sus ventas, la más acusada en los últimos dos años, sino que además, su imagen pública se ha visto seria y radicalmente ...