En un movimiento que muchos interpretaron en su momento como un cálculo despiadadamente pragmático, las grandes compañías tecnológicas y los principales fondos de capital riesgo decidieron respaldar a Donald Trump durante su campaña electoral.
Su idea, aparentemente, era que un presidente con escaso bagaje político e intelectual y con una actitud despreciativa hacia la complejidad de la innovación resultaría fácil de manejar: se le prometerían empleos y victorias simbólicas a corto plazo, mientras las empresas y los inversores hacían lo que querían a sus anchas, impulsando sus proyectos de aceleración tecnocapitalista sin ningún tipo de controles ni contrapesos excesivos. Sin embargo, tal y como señala un interesante artículo en 404Media , «Big Tech Backed ...