Cuando ChatGPT se lanzó en noviembre de 2022, la reacción fue inmediata y visceral: esto funciona. Por primera vez, millones de personas experimentaron la inteligencia artificial no como una promesa lejana, sino como algo útil, intuitivo y, incluso con sus fallos, asombrosamente capaz.
Ese instinto era correcto. La conclusión que vino después, no. Porque lo que funciona de forma brillante para un individuo frente a un teclado ha demostrado ser sorprendentemente ineficaz dentro de una organización. Dos años después, tras miles de millones en inversión, innumerables pilotos y una avalancha interminable de «copilots», empieza a emerger otra realidad: la inteligencia artificial generativa es excepcional produciendo lenguaje. Pero ...