Trump no se comporta como un político convencional con tentaciones autoritarias. Se comporta como alguien que ha entendido perfectamente cómo funciona el poder en el siglo XXI: no hace falta cerrar periódicos si puedes desacreditarlos algorítmicamente, no hace falta prohibir votar si puedes rediseñar la burocracia para que millones de personas no puedan llegar a la urna, y no hace falta suspender formalmente la democracia si consigues convertirla en una interfaz hostil, opaca y punitiva. Lo que estamos viendo en Estados Unidos no es simplemente una deriva ideológica. Es algo mucho más serio: un intento de hackear la democracia.
La palabra importa. Hackear no significa necesariamente manipular una máquina de votación con una línea de código. ...