Hace poco más de tres años, Geoffrey Hinton abandonó Google y lanzó una advertencia que ocupó titulares en todo el mundo: el desarrollo de la inteligencia artificial avanzaba demasiado deprisa y era necesario plantearse algún tipo de moratoria o pausa para comprender mejor sus riesgos. Escribí entonces sobre ello, porque procedía de una de las personas que más había contribuido a hacer posible esa misma tecnología.
¿Qué ocurrió después? Exactamente lo que cabía esperar: nada. No hubo moratoria. No hubo desaceleración. No hubo ni la más mínima aproximación o posibilidad de ningún consenso internacional al respecto. De hecho, ocurrió justamente lo contrario: la inversión se disparó, aparecieron nuevos modelos, aumentó la competencia entre empresas y ...