Durante años nos hemos acostumbrado a una narrativa casi lineal del calentamiento global: seguimos emitiendo, la temperatura sube, y si hacemos los deberes quizá nos quedemos en esos 2 ó 3ºC que salvo a los idiotas que confunden el clima (the climate) con el tiempo (the weather), ya dan miedo solo de escribirlos. El problema es que la realidad (la física, los datos y, sobre todo, los registros de los últimos tres años) está empezando a romper esa falsa comodidad. Lo que parecía una rampa constante se está pareciendo cada vez más a un acelerón, y cuando aceleras en un sistema lleno de umbrales, no avanzas: te arriesgas a caer por un precipicio.
La pieza interactiva sobre este tema de The Washington Post es especialmente inquietante no por el dramatismo (de hecho, es ...