Hay tecnologías que nacen con un relato tan seductor que cuesta ver lo que realmente son. Las redes sociales llegaron envueltas en la promesa de unir a la humanidad, facilitar las conexiones, democratizar la conversación y dar voz a quien no la tenía. Dos décadas después, sabemos positivamente en qué se convirtieron: una maquinaria obscena de vigilancia, manipulación emocional, polarización, desinformación y deterioro democrático. No fallaron por accidente: simplemente, funcionaron demasiado bien para los incentivos que las gobernaban y los sinvergüenzas sin escrúpulos que las gestionaban.
Con los mercados de predicción está ocurriendo algo inquietantemente parecido. También llegaron con un relato impecable, ...
