Hay una forma bastante sencilla de entender buena parte de la geopolítica de los dos últimos siglos: seguir el rastro de aquello que se quema. Carbón, petróleo, gas. Quien controla los combustibles fósiles controla rutas, precios, alianzas, guerras, inflación y política exterior. Europa creyó durante años que había encontrado una solución razonable: comprar gas barato a Rusia mediante gasoductos que garantizaban suministro estable para su industria. La teoría era que la interdependencia económica haría imposible el conflicto. Hasta que Rusia invadió Ucrania y convirtió esa dependencia en un arma.
La reacción europea fue rápida, pero no necesariamente inteligente: sustituir tuberías rusas por barcos metaneros estadounidenses. Según el Consejo de ...