Durante años, la industria tecnológica ha jugado con una idea cómoda: que la ciberseguridad es un problema complejo, sí, pero contenido. Que los atacantes realmente peligrosos son pocos, que el talento ofensivo avanzado es escaso, y que, con suficientes capas de defensa, auditorías y herramientas, el sistema se mantiene razonablemente estable.
Claude Mythos dinamita esa narrativa. No porque introduzca un riesgo completamente nuevo, sino porque altera de manera radical el coste y la escala de los ataques.
La cuestión no es si Mythos es «tan peligroso como dicen». De hecho, conviene empezar por ahí: como recuerda Gary Marcus en Communications of the ACM, estamos en una fase en la que es difícil separar el riesgo real del marketing y ...