California acaba de hacer algo que, por obvio, resulta casi revolucionario: dejar de tratar la inteligencia artificial como una simple cuestión de innovación tecnológica y empezar a tratarla como lo que realmente es, una cuestión de política económica, de distribución de riqueza y de poder. La nueva orden ejecutiva de Gavin Newsom no parte del entusiasmo infantil de «preparemos a todos para los empleos del futuro», sino de una premisa mucho más incómoda: habrá disrupción, habrá sectores muy afectados, habrá muchos trabajadores desplazados, y si el estado no mide, anticipa y regula ese proceso, la factura volverá a caer sobre los mismos de siempre.
Lo interesante no es que California hable de formación, reciclaje profesional o alfabetización en inteligencia artificial. Eso ya lo había hecho ...