La propuesta de OpenAI de entregar un 5% de su capital al gobierno estadounidense, presentada como una manera de que los ciudadanos participen en los beneficios de la inteligencia artificial, es una de esas maniobras que revelan mucho más de lo que pretenden ocultar. No es un gesto generoso, sino una oferta de saldo: una propina para intentar legitimar una apropiación masiva de valor construida sobre libros, artículos, conversaciones, código, imágenes, ciencia, trabajo académico, periodismo, creatividad y datos producidos por millones de personas que jamás fueron consultadas, reconocidas ni compensadas.
El contexto es importante: OpenAI estaría explorando ceder ese 5% en un vehículo inspirado en fondos como el Alaska Permanent Fund, mientras Sam Altman habla con la ...