Hay momentos en los que una noticia aparentemente técnica revela, en realidad, una mutación profunda del sistema político. La reunión convocada por Pete Hegseth con Dario Amodei, CEO de Anthropic, no es una discusión contractual sobre doscientos millones de dólares, ni un desacuerdo menor sobre cláusulas de uso. Es algo mucho más serio: el intento explícito del Departamento de Defensa de forzar a una empresa de inteligencia artificial a eliminar sus últimas salvaguardas éticas para poder utilizar su modelo en vigilancia masiva doméstica y en armas que disparen sin intervención humana.
El tono es inequívoco: «o juegas o te vas«, y no es una metáfora: la amenaza concreta es designar a Anthropic como «riesgo para la cadena de suministro», una ...