Durante años, las grandes tecnológicas nos pidieron datos. Ahora quieren que les demos poderes.
El salto de los asistentes conversacionales a los agentes no es una mejora incremental: es un cambio de naturaleza. Un chatbot responde, un agente actúa. Entra en tu correo, agenda reuniones, compra, reserva, reorganiza documentos, consulta repositorios, usa contraseñas, opera sobre servicios y, en definitiva, ejecuta acciones en tu nombre. Por eso la carrera actual no va simplemente de «hacer la vida más cómoda», sino de conquistar la capa más íntima de la vida digital.
