Durante los dos últimos años, las empresas han estado haciéndose la misma pregunta con formulaciones ligeramente distintas: ¿qué aplicación de inteligencia artificial deberíamos construir ahora?
¿Un agente de atención al cliente? ¿Un copilot de ventas? ¿Un asistente de compras? ¿Un agente de programación? ¿Un asistente de investigación? ¿Una capa de automatización de workflows? ¿Un chatbot conectado a datos internos? ¿Un modelo envuelto en una interfaz de usuario y conectado a herramientas?…
Todo eso puede, en muchos casos, tener sentido. Y de hecho, así es como empieza cada nueva era de la computación: primero, se intentan construir aplicaciones directamente sobre el nuevo sustrato. Se utilizan las herramientas existentes, se envuelve la nueva capacidad en ...