Durante un tiempo, la conversación sobre inteligencia artificial en las organizaciones se mantuvo en esa zona cómoda de los verbos aspiracionales: «animar», «explorar», «experimentar», «probar». Pero esa fase se está agotando. Un artículo en el Wall Street Journal, «Tech firms aren’t just encouraging their workers to use AI. They’re enforcing it«, lo describe claramente y sin eufemismos: en muchas tecnológicas, usar inteligencia artificial ya no es un extra simpático ni una habilidad diferencial, sino un requisito monitorizable, evaluable y, en la práctica, exigible. Se puntúa la «competencia en inteligencia artificial», se convierte en variable de desempeño, se observa en paneles, se integra en promociones y se filtra en la contratación. La inteligencia artificial no es una ...