Durante los dos últimos años, Europa se ha estado haciendo una pregunta que suena estratégica, pero que puede ser profundamente engañosa: ¿cómo podemos competir en inteligencia artificial si no controlamos los mayores modelos de frontera?
La pregunta es comprensible. Las empresas de inteligencia artificial más visibles son estadounidenses. Los modelos más potentes son entrenados por compañías con un acceso enorme a capital, capacidad de cómputo, talento y energía. La imaginación pública ha quedado capturada por la carrera de los modelos: quién tiene el modelo más grande, la ventana de contexto más larga, la mejor puntuación en benchmarks, la demostración más impresionante, el chatbot más persuasivo.
Desde esa perspectiva, Europa parece llegar tarde. Demasiado lenta, ...