La propuesta surcoreana de repartir entre todos los ciudadanos una parte de los beneficios extraordinarios generados por la inteligencia artificial tiene algo de provocación, pero también de diagnóstico certero: si la nueva riqueza se genera usando infraestructuras, educación, datos, energía, estabilidad institucional y décadas de inversión pública, ¿por qué debería capturarla casi en exclusiva un puñado de compañías y accionistas?
En Corea del Sur, la discusión ha surgido alrededor de Samsung y SK Hynix, justo cuando el auge de los chips para inteligencia artificial amenaza con concentrar beneficios en empresas, ingenieros clave y propietarios de capital, mientras gran parte de la clase media apenas recibe efectos indirectos.
La idea se parece, ...