Durante años, las grandes compañías tecnológicas han cultivado una narrativa cuidadosamente diseñada: la inteligencia artificial como progreso inevitable, como motor de productividad, como solución casi mágica a problemas estructurales. Sin embargo, algo está empezando a resquebrajarse. Y no es su tecnología, que también, sino sobre todo su percepción social.
Un interesante artículo reciente de The Guardian, «AI companies know they have an image problem. Will funding policy papers and thinktanks dig them out?», advertía de un fenómeno inquietante: think tanks, recomendaciones de políticas públicas, compra de medios e incluso informes aparentemente técnicos están siendo cada vez más contaminados por imágenes generadas por inteligencia artificial que distorsionan la ...
