Durante años hemos llamado «redes sociales» a algo que hace ya mucho tiempo dejó de serlo. La palabra red sugería relaciones, comunidades, conversación, vínculos entre personas. Pero lo que tenemos hoy en Facebook, Instagram, TikTok, X o YouTube no es una red social: es una infraestructura industrial de extracción de atención, alimentada por vigilancia masiva, optimizada para mantenernos dentro el mayor tiempo posible y convertir cada gesto, pausa, desplazamiento, reacción o duda en un dato monetizable.
El nuevo trabajo de Maik Larooij y Petter Törnberg, «Can We Fix Social Media?», resulta especialmente incómodo porque hace precisamente la pregunta que muchos reguladores siguen evitando: ¿podemos arreglar las redes sociales con pequeños ajustes de diseño? La respuesta es ...
