Cuando surge una nueva tecnología de propósito general, ya sean los ferrocarriles, la electricidad o los ordenadores, las empresas reaccionan de maneras bastante previsibles. Una pequeña minoría intenta reinventarse en torno a ella, pero la mayoría busca primero cómo utilizarla para recortar costes.
Ahora mismo, en medio de la revolución tecnológica más importante desde internet, hay muchas organizaciones que están eligiendo ese segundo camino. Despliegan inteligencia artificial para automatizar centros de atención telefónica, reducir plantilla en áreas administrativas y exprimir mejoras marginales de procesos existentes. Miden el «ROI de la inteligencia artificial» en conceptos como el ahorro salarial o las horas recuperadas.
Parece racional. Parece disciplinado. Parece prudente. Pero también ...