Hay imágenes que resumen una época. Durante décadas, una de ellas ha sido la parte trasera de un armario de centro de datos: una maraña de cables de colores, cuidadosamente etiquetados en el mejor de los casos, cruzándose entre servidores, conmutadores, fuentes de alimentación y sistemas de almacenamiento. Para el visitante ocasional puede resultar incluso pintoresca. Para quien tiene que instalar, mantener o reparar esos equipos, es la representación física de una pesadilla: miles de conexiones, recorridos difíciles de seguir y demasiadas oportunidades para que algo salga mal.
La nueva plataforma Vera Rubin de Nvidia introduce una idea aparentemente modesta, pero con implicaciones enormes: una bandeja de computación ...